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El reciente corte en los servicios de cómputo en nube de Amazon ha traído de regreso las dudas e incertidumbre sobre la conveniencia de llevar los servicios de una empresa a un entorno donde no se conoce la ubicación del almacenamiento ni los recursos de hardware que les dan vida. ¿Es la nube una tendencia viable?. ¿Puede una empresa sentirse segura al llevar sus servicios y datos a un entorno virtual distribuido?
Los servicios de cómputo nube han sido en lo general muy confiables a lo largo del tiempo. La nube es considerada el siguiente paso despues de la virtualización. Consiste en llevar los servicios de red de una organización a un entorno virtual distribuido, en el que no se sabe dónde corren procesos y se almacenan datos. Las empresas que contratan estos servicios solo se preocupan por adquirir capacidades (procesador, memoria y disco), y pagan con base en consumo, es decir, justo lo que se utiliza.
De acuerdo a cifras de Appneta, quien evalúa a diversos proveedores, el promedio de disponibilidad del servicio es de 99.9948%, es decir, solo 4.6 horas de caídas por año, cifra difícil de alcanzar para una empresa que implementa sus propia infraestructura. Esto ha resultado sumamente tentador para empresas alrededor del mundo, que migran todo tipo de servicios a la nube, utilizando proveedores como Amazon.
Las históricas objeciones como los aspectos de privacidad, la seguridad del almacenamiento, interrupciones del servicio en el centro de datos del proveedor, perdida de información o resguardo de datos han sido desestimadas ante los beneficios que han obtenido los usuarios, para quienes ha resultado sumamente cómodo el tercerizar el mantenimiento de su infraestructura, descargando la responsabilidad en un proveedor de nube, que se compromete a cumplir con un acuerdo de nivel de servicio.
La nube se ha convertido en la nueva maravilla tecnológica, altamente confiable, prácticamente indestructible, algo así como el Titanic. Pero al igual que este último, nada es insumergible. El corte prolongado en el servicio de Amazon EC2, y la desaparición de algunos proveedores a finales de 2010 han traído de regreso la duda sobre la conveniencia de llevar los servicios de una empresa a un proveedor de nube en donde se disuelve la ubicación de la información. Especialmente el caso de EC2, que dejó sin servicio por varios días y en completa incertidumbre a miles de clientes que no sabían si recuperarían el servicio, y más aún, su información.
La duda sobre la viabilidad de la nube ha regresado. Y aspectos que se habían desestimado hoy se convierten en temas de discusión. ¿Cómo recupero mis datos si el proveedor de nube se cae o desaparece?, ¿puedo confiar en el acuerdo de nivel de servicio?, ¿será más conveniente crear mi propia nube interna?, ¿Cómo puedo recuperar los servicios si no tengo el control del hardware?, y más.
No es que sea el final de la nube, es solo que el acelerado ritmo de migración hacia esta tecnología ahora será más lento. Aunque la nube sigue siendo una excelente alternativa, ahora las empresas tomaran con más calma las iniciativas para llevar sus servicios a un proveedor.
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